
La relación arquitecto-comitente es sin dudas muy rica y posee muchos puntos a analizar. Uno de ellos es el de las condiciones proyecto. Si bien existen muchas posibilidades, como ser: un particular que encarga una pequeña obra, una empresa que busca expandirse, un conjunto de inversores que desea construir, el Estado llamando a concurso público y tantas otras; todas poseen con una lista de requerimientos que varía de acuerdo al caso. Algunos querrán que el resultado cuente con tales carterísticas, dando respuesta a ciertas necesidades; otros que el edificio aproveche al máximo los metros cuadrados a construir.
Sin embargo, en muchas ocasiones los proyectos terminan por contradecir muchas de estas directivas. Sucede a menudo que la propuesta ganadora (ya sea la que triunfa dentro de un estudio o bien entre varios que compiten) escapa al conjunto de reglas establecidas, y muchas veces, aquí reside su riqueza. Se trata de arquitectos que han podido ver más allá, descubriendo un valor oculto, sacando a la luz bondades que solo años de práctica profesional les han permitido hallar.
Así, no debemos subestimar al comitente y a sus deseos, pero tampoco a nosotros mismos, a las ideas que nos puedan surgir y, en definitiva, a nuestra profesión. No es en vano que uno estudia tantos años en la universidad y continúa haciéndolo una vez recibido.
Es que, en mi opinión, el buen diseño se abre camino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario