sábado, 28 de febrero de 2009

El origen de la razón

Ya tratamos en anteriores escritos el tema de las ideas y de cuan importante es que toda construcción humana cuente con un par de ellas que la respalden. Ahora veremos uno de los primero ejemplos que se dieron en la historia de este accionar.

Se trata de la civilización griega, en su época clásica para ser más específicos. En ese entonces se daba un proceso conocido como mímesis, el cual consiste en extraer principios de la naturaleza. De este modo, buscaron en el en cuerpo del hombre, su mayor creación, los elementos que luego pasarían a definir el concepto de belleza. Así surgieron la idea de simetría, proporción, de un todo constituído por una serie de partes relacionadas de manera lógica y racional.

El mayor exponente de lo recién dicho lo encontramos en el Partenón, el templo dedicado a Atenas ubicado en la acrópolis de la ciudad de con el mismo nombre. Se utilizó el orden dórico, el cual manifiesta en cada sección cómo funciona. Cada parte explica por qué se encuentra allí, qué cosa sostiene y cómo. A su vez, sus dimensiones se encuentran justificadas por una serie de cálculos matemáticos que intentan incluir al edificio en la "lógica de la naturaleza". La simetría salta a la vista. Se trata de la materialziación de los valores que los griegos defendían.

Hoy en día este proceso sigue en marcha, e intentamos dotar a nuestros edificios de una lógica que explique su razón de ser, que lo contituya en un objeto con identidad marcada. Se trata usualmente de una o más formas articuladas de un modo más o menos claro que nos permite explicar cómo se gestaron, que intervenciones se les realizaron. Esto nos ayuda a vincularnos con el edificio, ya que entendemos en todo momento en dónde estamos, cómo debemos interactuar con él.

Vemos como si bien más de dos milenios nos separan, el hombre y su modo de accionar no han cambiado en gran medida. Es que justamente esta civilización antigua fue la que dio origen a nuestra actual estructura de pensamiento.

martes, 24 de febrero de 2009

Vivienda y equipamiento

Si bien las tipologías edilicias son muchas, existe una primera clasificación que las divide en dos grandes grupos: vivienda y equipamiento.

Las construcciones que tienen como fin alojar a los usuarios, brindarles un lugar seguro donde habitar de forma permanente, facilitando el desarrollo sus actividades, tienden a conformar una masa homogénea. Si bien su forma varía de una a otra, en el conjunto pierden su identidad individual y pasan a formar parte del todo.

Por su parte, el equipamiento se conforma por todos aquellos edificios cuyo fin es satisfacer las necesidades de la comunidad toda, es decir, son los edificios públicos. Se trata de verdaderos faros urbanos, puntos salientes de una ciudad que la caracterizan. Son sitios de referencia, de encuentro. Se trata de los museos, escuelas, teatros, bibliotecas, y una larga lista de etcéteras, los cuales tienen un efecto rotundo en la dinámica del sector en que se ubican: atraen a los usuarios próximos y en ocaciones a los no tan próximos, por lo que es importante que se ubiquen en zonas de buena accesibilidad.

Del mismo modo en que en post anteriores vimos que es importante contar con una buena relación entre espacio construído y zonas verdes, debe existir un justo balance también entre zonas residenciales y el equipamiento que las sirve. De lo contrario se ocacionan múltiples problemas, como ser edificios saturados, redes de transporte colapsadas, en definitiva, necesidades no satisfechas. En alguas ocaciones esto puede ser una molestia, en otras ya pone en peligro la vida de las personas: la falta de hospitales, por dar un ejemplo, es un mal que aqueja a gran parte de nuestro territorio.

Concluyendo, estas cuestiones urbanísitcas siempre deben ser resueltas por un grupo de porfesionales capaces, los cuales deben contar con el incondicional apoyo del poder político, haciendo posible que nuestra ciudad sea día a día un mejor lugar para vivir.

martes, 17 de febrero de 2009

La ciudad

Realizando una breve revisión de los temas que hasta ahora tratamos en el blog, descubrí un importante concepto que me parece interesante intentar definir: el de "ciudad".

La ciudad puede ser entendida como la materialización de una serie de vínculos sociales, económicos, culturales, propios de una sociedad. Se trata de la expresión física de dichas relaciones, de nuestros valores. Así, cada grupo social desarrolla un modelo urbano que le es propio.

Estamos hablando de un ser vivo en continuo cambio, el cuál se ve afectado por las acciones y decisiones de todos sus integrantes. Un ser artificial, el cual se contituye físicamente de la sumatoria de todas las obras, ya sean edificios, espacios públicos, redes de transporte, parques o plazas, las cuales son respuesta directa a las actividades que sus habitantes realizan y las necesidades que plantean.

Vale señalar que estamos frente a un elemento tan complejo que jamás terminamos de conocer por completo, no importa cuántos estudios realicemos ni cuánto lo recorramos: la realidad siempre supera nuestro esfuerzo por aprehenderla.

De este modo, uno puede llegar a proyectar un sector de una ciudad, o una serie de reformas para intentar modificarla logrando ciertos objetivos. Sin embargo, se trata tan solo de hipótesis, las cuales cobran validez al momento en que los destinatarios las confirman con el uso. Estamos interviniendo en una complicada red de relaciones, por lo que resulta difícil predecir el efecto que nuestro accionar tendrá en ella.

Es la invensión más grande del hombre, un animal social que desde el comienzo escoge vivir rodeado por pares, conformando una comunidad. Como todo invento en ocasiones puede fallar, pero no es de modo definitivo, ya que estamos hablando de un ser que se desarrolla y cambia: siempre podremos encarar nuevos planes y reformas para intentar encaminarlo, de modo de mejorar las condiciones de vida de quienes lo crearon.

domingo, 15 de febrero de 2009

ABASTO de Buenos Aires


Una nueva serie de fotos ha llegado. Esta vez se trata del ícono principal del barrio de Balvanera: el Mercado de Abasto, o Abasto Shopping como es más adecuando llamarlo hoy en día.

Se trata de dos grandes contenedores: uno es el edificio histórico con sus características bóvedas de cañón corrido, dentro del cuál se desarrolla el shopping en sí; el otro fue construído desde cero en acero y vidrio para alojar los cines. Entre ambas cajas se ubica el patio central, el cual actúa como fuelle articulándolos, y recibe las entradas laterales.

Una gran obra de ingeniería que había caído en desuso y fue restaurada permitiéndonos recuperar una parte de neustro pasado.

martes, 10 de febrero de 2009

Vínculo con el pasado

En un mundo que parece avanzar tan rápido, es la arquitectura uno de los elementos que lo hace más lentamente. Existen dos formas de verlo. Por un lado, la disciplina arquitectónica: si bien se enrquice con cada avance tecnológico, nuevos materiales y avances de la técnica constructiva, las tipologías permanecen casi inalterables a lo largo del tiempo; se trata de dar respuesta a necesidades que cambian muy lentamente. Por otro lado, los edificios en sí, que permanecen inalterables con el trancurso de los años: antiguas iglesias construídas hace siglos aparecen hoy, de modo casi autista, entre recientes edificaciones que las enmarcan y acorralan, como si no hubieran reparado en el paso de los años.



Surge entonces una cuestión de suma importancia: ¿qué hacemos con estos edificios que ya son parte de la historia de la ciudad, pero que han caído en desuso? ¿Debemos conservarlos como si de obras de arte se tratase? ¿O bien deshacernos de ellos, priorizando las necesidades presentes?

En mi opinión, el recilado es la salida más noble. Desde luego que es preciso evaluar cada caso, pero partimos de la base de que la arquitectura no es arte, tiene función, y si un edificio la pierde, pasa a ser una escultura de grandes proporciones. Es entonces nuestra obligación devolverle su razón de ser, volviéndolo útil, ya sea para cumplir la tarea para la cual fue proyectado, o cualquier otra, realizando las modificaciones necesarias.

Entiendo que es el único modo en que generaciones poseriores podemos entrar en contacto con estas piesas de nuestro pasado colectivo, dándoles un uso sincero y no como si se tratase de un simple decorado el cual nos satisfacemos solo con ver y fotografiar.

martes, 3 de febrero de 2009

Sobrehumanizado

Creo fervientemente que el humano es un animal, y como tal debe estar en contacto con la naturaleza. Esto no es ninguna novedad, cualquiera lo sabe, sin embargo creo que lo hemos olvidado.

Desde el comienzo de los tiempos, el hombre debió hacer frente a múltiples peligros que lo acechaban. Con el correr de los años, por medio de descubrimientos e invenciones, ha podido ir modelando un mundo un tanto más seguro para vivir y desarrollarse. Sin embargo, siento que la situación se nos fue de las manos: hemos llegado demasiado lejos.

Alcanza con detenernos a reflexionar en el mismo suelo sobre el que vivimos y nuestro esfuerzo por cubrirlo (o humanizarlo) por completo, ya sea con asfalto, baldosas, homrigón, etc. Esto vuelve más sencillo circular sobre él y mantenerlo limpio. Otra consecuencia es que los puntos en los que aparece el terreno natural se cuentan con los dedos de la mano. Nos conformamos con colocar porciones de la fértil materia en macetas y ver crecer algo de verde.

Si nos remontamos en la historia, considero que el quiebre se dio en algún punto de lo que fue el proceso de cambio de la Grecia Clásica a la Helenística. Se pasó de construir en el espacio (natural) a contruir el espacio. Los arquitectos comenzaron a interesarse en los recorridos y las perspectivas controlados y protagonizados por la arquitectura, la cual lo regía todo, hasta a la naturaleza. Las técnicas constructivas evolucionaron, este razgo se mantuvo inalterable.

La mejor forma de comprobarlo es ver que sucede cuando pasamos unos días en algún paraje natural, ya sea la costa con sus playas, las mesetas del sur, el altiplano del norte, o bien una casa en medio del campo, a minutos de la capital: total liberación y reecuentro con uno mismo, nuestra escencia animal por decirlo de algún modo.

Queda en nuestras manos hacer algo para que esta tendencia se pueda revertir, ya sea desde nuestro lugar como futuros arquitectos o desde el que nos toque en esta sociedad.