
La primera vez que leí "Espacio basura" por Rem Koolhaas no lo entendí. Sería por el modo en que está redactado (el libro entero no tiene ni "un punto y aparte"), o porque estaba recién comenzando el primer año de la carrera y aún me faltaban comprender algunas cosas. Lo cierto es que le dí una segunda oportunidad hace no mucho tiempo, logrando por fin una interpretación exitosa.
Si bien su extensión es corta, todas sus oraciones apuntan en un mismo sentido: se intenta reconstruir, apelando a numerosas metáforas y descripciones, el concepto detrás del denominado "espacio basura".
Es difícil de describir en pocas palabras lo que al autor le lleva todo el texto, pero al menos yo pude interpretar que se trata de todos esos lugares que existen alejados del mundo natural, pura y exclusivamente porque podemos crearlos, la teconología nos lo permite. Hijos invenciones tales como el aire acondicionado, las escaleras mecánicas y las placas durlock. Conceptos como el de síntesis o abstracción no tienen lugar en estos espacios que aprovechan nuestra confusión con el fin último del consumo. Se trata de la expresión material del modelo capitalista. Su aspecto es agradable para el visitante que ignora que todo lo que está a la vista no es más que un gran parásito tan solo soportado por una estrcutra gangrenosa, que se cae a pedazos ante la falta absoluta de una idea que la respalde.
Con este concepto aún en mente es que me tocó internarme por trabajo en las entrañas de una nueva mostruosidad, una nueva meca del comercio, que se inaugurará en tan solo unos meses en nuestra Ciudad de Buenos Aires: un flamante shopping, ubicado en la intersección de la Av. General Paz y la autopista Panamericana. Solo puede tomar algunas fotos, intentado documentar mi experiencia. Si bien no son malas, les aseguro que nada se compara a visitar esos espacios no aptos para la vida, de atmósfera húmeda, en penumbras. Una experiencia que sin dudas cambia el modo de ver las cosas.


